En el siglo xviii, siglo en el que se produce la Guerra de Sucesión y la derrota de 1714, El Vallès fue tierra de pequeños pueblos de campesinos y ricas masías. Fue durante el siglo xix cuando se asentaron las bases hacia la industrialización. En los pueblos ubicados cerca del río, funcionaban molinos harineros, papeleras y serradoras, que en aquel entonces todavía aprovechaban la energía hidráulica que les proporcionaba el abundante caudal del río Ripoll. Paralelamente, el cultivo de la viña se extendió rápidamente por la creciente demanda de vino, que obligó a ocupar terrenos cada vez más marginales de relieves empinados y suelos poco fértiles.